I. Nadie está preparado para la muerte de un hijo (no existe palabra que describa el vacío que deja la pérdida de un hijo, como sí existen los vocablos «huérfano/a» o «viudo/a»), sin embargo parece que de manera natural, sí debemos estarlo cuando se trata de la muerte de los padres. 
II. Reflexionando sobre esto en los últimos días, he recordado lo que en una ocasión me contó un amigo muy querido tras el fallecimiento de su madre, y a los tres meses, su padre:



La mejor manera de afrontar la muerte de nuestros padres, es vivir intensamente con ellos, junto a ellos. Por eso, disfruta de ellos, valora cada momento que estés con ellos. Diles una y mil veces lo que les quieres. Abrázalos una y mil veces, porque aún así serán pocas. Yo he disfrutado de mis padres mucho, y a pesar de ello, me arrepiento de tantas cosas…»